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PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

 

 

I PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Alberto Jiménez Herrera, el 4 de abril 1987

II PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. José Franco Alfaro, el 19 de marzo 1988

III PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Antonio Soto Cartaya, el 11 de marzo 1989

IV PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Daniel Pineda Novo, el 31 de Marzo 1990

V PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Antonio Silva de Pablos, el 9 de marzo 1991

VI PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Aurelio Verde Carmona, el 4 de abril 1992

VII PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Manuel Suárez Paneque, el 27 de marzo 1993

VIII PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Antonio Iglesias Mairena, el 19 de marzo 1994

IX PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. José Ortega Martel, el 1 de abril 1995

X PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Alberto Jiménez Herrera, el 23 de marzo 1996

XI PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Alfonso Marín Carrero, el 15 de marzo 1997

XII PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Juan Ramón Rodríguez Franco, el 28 de marzo 1998

XIII PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Benjamín Domínguez Aguilar, el 20 de marzo 1999

XIV PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. José Manuel Benítez Carrasco, el 31 de marzo 2001

XV PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Francisco Torres García, el 16 de marzo 2002

XVI PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Daniel Pineda Novo, el 27 de marzo 2004

XVII PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Francisco González Peña, el 1 de abril 2006

XVIII PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Antonio Ramírez Rodríguez, el 24 de marzo 2007

XIX PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

Dña. Rocío Gandul Navarro, el 8 de marzo 2008

XX PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Antonio Santos Moreno, el 28 de marzo  2009

XXI PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Cristóbal María Caro Porrúa, el 20 de marzo 2010

XXII PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. José Asián Bizcocho, el 9 de abril 2011

XXIII PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

D. Manuel Ramírez Barrera, el 24 de marzo 2012

 

 

 

XVIII PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

 

A cargo de Nuestro Hermano

 

D. Antonio Ramírez Rodríguez

 

Pronunciado a los 24 días del mes de marzo, en el año del Señor de 2007

 

 

La paz, la amistad y la gracia de

 

Dios que María Inmaculada tuvo

 

desde el comienzo esté con todos nosotros. 

 

  

 En la encíclica de Su Santidad Juan Pablo II Centesimus Annus, se relata el siguiente pasaje:

“ Gracias al sacrificio de Cristo en la Cruz, la victoria del Reino de Dios ha sido conquistada de una vez para siempre, sin embargo la condición cristiana exige la lucha contra las tentaciones y las fuerzas del mal. Solamente al final de los tiempos, volverá El Señor en su gloria para el Juicio Final instaurando los cielos nuevos y  tierra nueva, pero mientras tanto, la lucha entre el bien y el mal continúa en el corazón del hombre.”

¡Ya estaba en Coria! Ya se sosegó la diaria zozobra por llegar a mi siempre querida Coria. Pueblo al que nuestro ilustre paisano Juan Rodríguez Mateo definió con maravilloso candor y hondura poética al decir:

Coria es así......

Una Ermita en El Cerro

Y una Iglesia en El Llano.

 

Permíteme querido Juan que en mi osadía añada:

 

Y dentro de la Ermita, un Cristo que del Cerro llaman

     Y dentro de la Iglesia, una Estrella de la mañana.

 

Llegaba del Rocío, de mis quehaceres diarios. Disfrutábamos de un día de lo más otoñal: gris, cálido y lluvioso.

Me encontraba en la casapuerta de mis padres en animada charla con ellos, a esa hora en la que la tarde parece querer dormirse en la noche, cuando observo a mi primo atravesar la calle de Antonio Pérez Tinao, antes Paraíso y también Murillo, pero ¡ qué más da! si lo importante, lo encantador, es estar, vivir, en una calle de Coria, estar o tener un espacio, a los pies y bajo la protección del Santísimo Cristo de La Vera-Cruz.

Como decía contemplo cruzar la calle a mi primo que en actitud seria y comprometedora, aunque también feliz y complaciente, me transmite el deseo de la Junta de Gobierno por el que me proponen ser el décimoctavo pregonero de Vera-Cruz para el año 2007.

Ni en mi sueño más atrevido y feliz, pude intuir esta ilusionante propuesta.

Señor... Tú sabes  ¡Qué lejos y ajeno! estaba de esta novedad. Jamás por mi entendimiento pasó esta adorable idea, que siempre la situé fuera de mi alcance.

El Pregón de la Vera-Cruz, es muy especial desde su concepción, creación y posterior desarrollo, con pregoneros de gran talla y dilatada experiencia en estos menesteres, de tal modo que cuando me comunicaron la noticia, me invadió un temor responsable, serio y profundo, pero a la vez tierno y reconfortante, y aunque... en mi interior sabía que no me iba a negar, pensé que era excesivo para mí... postura que aún mantengo.

 Así pues: ¿por qué acepto?

·       Por la fe y devoción que desde pequeño profeso al Cristo de la Vera-Cruz.

·       Por estar cerca de Él, en estos tiempos de tribulaciones.

Mas, es tan amplio el abanico de mis porqués...

 Que sencillamente concluí que debía aceptar.

Días más tardes las calurosas felicitaciones y palabras de ánimo de muchos de ustedes, me disiparon todas las dudas.

Así pues, manos a la obra: A consultar pregones, libros, revistas, seleccionar pasajes y poemas para completar y dar sentido al pregón.

 

Reverendo Padre,

Dignísimas autoridades

Presidente del Consejo General de Hermandades

Representantes de todas las Hermandades

Presidente y Junta de Gobierno

Señoras y Señores

         Añorados Isabel y Paco, que...

    Desde El Cielo estáis escuchándome.

 

Manifiesto desde lo más hondo de mi intimidad, el placer y gratitud por este honor concedido en primer estadio a:

La Antigua y Humilde Hermandad del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, Purísima Concepción de María Santísima y San Juan Bautista.

A mi entrañable amigo desde la infancia Francisco González Peña (Paco Modesto), coriano, cofrade y rociero como su añorado padre.

Gracias, muchas gracias por tus generosas y sentidas palabras de presentación, fruto del amor a esta Hermandad y a nuestros paisanos.

A José Asián, por el espléndido pregón Consejo General de Cofradías y Hermandades de Coria del Río, la semana pasada que seguro marcará un antes y un después.

José ha tenido el entrañable detalle de ir al Rocío, rezarle y ponerle dos velas a La Señora, pidiéndole por el buen desarrollo de este  pregón.

Y a todos ustedes queridos cofrades y amigos por dedicarme, para vosotros, este apreciado momento.

 

          Que yo recuerde, mi primer contacto con el Cristo de la Vera-Cruz, se remonta a mis años de párvulo...

Aquél día, de la mano de mi madre... subí los primeros escalones, de los treinta tres, que tiene la Cuesta Sagrada de Coria.

En la puerta de la escuela nos recibe la señorita Agustina, que una vez rodeada de sus nuevos parvulitos, cariñosamente y señalando el último edificio de la cuesta, donde se distingue una blanca espadaña con su campana, nos dice, de la  manera más apropiada para nuestra edad:

“ Allá en lo alto se encuentra el Señor del Cerro, “El Hijo de Dios”, que para nosotros es como el Padre de todos los padres. Él, murió en una cruz porque nos amaba mucho y quiere que seamos buenos con todas las personas” .

 Mi imaginación infantil me llevó a pensar que Coria estaba muy  cerquita de los Cielos.

Dentro de la escuela, Doña Josefa nuestra maestra,  nos va emparejando por bancas. A mí me toca con Paqui Vázquez, la hermana de Luis.

Doña Josefa, con aire más grave, más autoritario, pero no falto de la ternura, bondad y religiosidad, que siempre caracterizó a su magisterio, nos dio las primeras reglas de comportamiento: nos invita al estudio, al trabajo responsable, así como al rezo diario al Señor.

Terminada esta primera clase y una vez en la calle, miré hacia arriba, y me sorprendió que la cuesta terminaba en El Cielo.

 Ese día no subí, ni al día siguiente, pero al tercer día, acompañado de Luis Vázquez, me atreví... Ese día pisé por primera vez las puertas de Tu Casa Señor y aunque no pudimos entrar, jugué en la azoteilla, que es como llamamos al contrafuerte que refuerza la base de la torre árabe, sobre la que se apoya el campanario de la ermita.

 

                Por fin, un día de vísperas del Quinario, acompañando, con mi prima Carmelita, a mis queridos Tíos, Manuel y Amelia, entré en Tu Casa Señor.

 He de confesar que la sensación que entonces tuve, aún no lo he cambiado. Si la primera impresión para un niño, al contemplar un lugar alejado, oscuro, silencioso, con un crucificado al fondo, pudiera ser de cierto reparo, de miedo, de temor a lo misterioso, a la soledad, a lo desconocido... que fue mi caso, sin saber por qué, sentí calor, paz, protección, sosiego. Pero sobre todo tuve la sensación de estar recibiendo desde la Cruz un torrente de luz, una cascada de amor y una lección de humildad, que fue, es y será, el eje y columna vertebral de esta franciscana hermandad.

Terminé el Quinario con la profunda impresión, que Tú Señor eras el centro y destino final de los corianos  y que para siempre estaríamos ligado a Tí.

                Pasaron los años de mi parvulario entre estudios, juegos, rezos y miradas... al monte donde empezaba El Cielo.

 

Proseguí mi aprendizaje en la escuela de San Tarsicio situada en el más pronunciado recodo de la calle Colón bajo la tutela de D. Antonio Pineda Franco.

 ¡Qué suerte la mía!, aprender con este admirable profesor en lo didáctico, en lo humano y en la vida cofrade.

Durante estos años aprendí, compartí y disfruté con muchos y variados amigos las distintas devociones corianas, sus puros y nobles sentimientos religiosos, sus costumbres, sus vivencias, sus ilusiones. Se estaban labrando los cimientos de un nuevo revivir en la tradición cofrade en Coria, perdida en gran manera, desde finales del Siglo XIX.

 

                La década de los sesenta se inicia en nuestro pueblo con una frenética actividad en la vida cofrade, contribuyendo de modo decisivo y definitivo al renacer de las cofradías y de su Semana Mayor.

 

Un resurgir que gracia a la preparación, tesón, sensatez...  amor a Cristo y a su Divina Madre... en las diferentes advocaciones, de todos los corianos, ha hecho posible que el  sentir cofradiero y su Semana Santa sea merecedora de todos las alabanzas y comentarios positivos para propios y extraños.

¡Qué embrujo!... ¡Qué magia! ...¡Qué encantamiento!

Tuvo aquél año, cuando por fin se decide a procesionar con túnicas.     ¡Cuántas interrogantes, Cuántas preguntas! Deseábamos empezar, y luego... “ya veríamos”.

Queríamos, que todo fuese al final como en Sevilla, “eso sí”... con nuestra impronta, con nuestro estilo.

Debo señalar, que por este tiempo, yo pertenecía, formaba parte del grupo juvenil de la Hermandad al igual que Juan Rodríguez,  Paco Carbajal, Gavino, Rafael Sosa, Pedrito Suárez, Tomás Gollete hijo, Paco Chaves y todos los que me gustaría recordar.

 

                Así pues, mi relato estará ligado, supeditado al ambiente que existía aquél año, cuya Junta de Gobierno estaba sustentada y apoyada por un grupo de personas muy singulares:

·       D. Esteban como director espiritual... que por su especial cariño a esta hermandad, actuó en muchas ocasiones como un miembro más de la Junta.

·       Manuel Ramírez, D. Antonio Pineda, Vicente Ortega y Tomás Gollete.

Todos ellos, ejemplares cofrades... inspiraron al resto de los componentes, una peculiar manera de sentir y vivir la devoción al Cristo del Cerro... llenando nuestros corazones de entusiasmo cofradiero y alentándonos a seguir luchando por el mayor esplendor de nuestra Hermandad.

Yo admiraba el saber, la ilusión, actividad, diligencia y alegría de los miembros jóvenes de aquella Junta; cuyos nombres no quiero omitir, porque para mí, siempre fueron referentes en lo personal y en la vida cofrade.

J. Ignacio Quintero, Alejandro Sosa, J. Antonio Lobato, Manolo García Terán y mis primos J. Antonio y Manuel Ramírez.

 

                Por fin las túnicas se adquieren en los almacenes de tejidos Pedro Roldán, situado en la sevillanísima Plaza del Pan. En total se confeccionaron cuarenta y cinco túnicas.

¡Con qué amabilidad nos atendió el Sr. Carrellán! ¡Posiblemente contagiado de nuestra desmedida ilusión!

A partir de aquí, ya todo fueron preguntas, proyectos, logros y un sinfín de sensaciones.

 Prácticamente no teníamos nada y lo teníamos todo: Teníamos El Señor, La Virgen, una inquebrantable fe y un amasijo de sueños.

                Sin duda alguna, entre las muchas insignias que necesitábamos, era la Cruz de Guía la que cobraba más protagonismo, no sólo porque nos abre el cortejo procesional, sino que también por ser símbolo de redención y amor, nos guiará por el camino empezado, haciendo prédica y realidad con su lengua muda, aquellas palabras de Cristo en San Mateo: “ Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y  me siga “.

¡ Cuántas veces visitamos la carpintería de Antonio García! en la calle Zurbarán para ver y seguir de cerca todos los detalles de su elaboración : la calidad de la madera, sus labrados, sus remates, el acabado de su color...

Durante algunos años la cruz de guía estuvo flanqueada por repujados y bellos faroles, cedidos para la ocasión por la Hermandad sevillana de Jesús ante Anás.

               

                En años sucesivos, con la ayuda de numerosas e interesantes incorporaciones de hermanos, los proyectos se van ampliando y diversificando. Se abarcan y terminan logros que al comienzo parecían inalcanzables y lejanos.

En el seno de la Hermandad aparece, aflora un lenguaje cofrade , desconocido para unos y olvidados para otros.

Ya se citan con bastante familiaridad nombres como el Senatus, el Libro de Reglas, la bandera concepcionista, los faroles de cola, los guardabrisas, los hachones, las bambalinas, la saya, el rostrillo, la toca, las dalmáticas, los manigueteros, el llamador, el pertiguero...

Se empiezan a conocer nombres de afamados artesanos del sentimiento, luz y paciencia como... bordadoras, imagineros, tallistas, doradores, orfebres, compositores y sus marchas procesionales.

                Mas, paralelamente y al unísono a estas metas materiales, la Hermandad, en medio de este interesante periodo, no sólo, no olvida ni descuida sus preceptos fundacionales de vivencia espiritual, sino que las incrementa y activa en este sentido y como muestra:

·       Se redactan los nuevos estatutos, para ello se indaga, se investiga  en los archivos del Palacio Arzobispal, con el fin de acercarse lo más remotamente posible a la historia de nuestra Hermandad, objetivo que se consigue merced a la ingente y continua labor del sacerdote  moguereño D. Antonio Hernández Parrales, por entonces archivero del arzobispado.

·       Se incrementan y perfeccionan el número de celebraciones religiosas.

·       Se solemnizan aún más los cultos... y sus predicadores se eligen siguiendo criterios formativos en concordancia con el espíritu de la Hermandad.

·       Se crean reuniones para la formación en la fe y fundamentos del cristianismo.

·       Se promueven actos de confraternidad con otras hermandades.

·       Se objetiviza, como dimensión prioritaria, la práctica de la Caridad... en su sentido más amplio y actualizado.

Pero siempre, siempre... todas estas actividades materiales o espirituales han tenido un modo de actuar, unas señas que han  caracterizado, caracterizan y seguro que caracterizarán a la Hermandad del Cerro:

 

La Humildad... la humildad con mayúscula, la austeridad, la integridad de la vida interior... la búsqueda y la imitación de Cristo.

Cada cofrade debe ser hermano de sus hermanos y llevará arraigado en su alma los sentimientos de la caridad y el perdón.

 

               Pero volvamos de nuevo al 1961, año en el que se vuelve a procesionar con túnicas.

Finalizado el solemne y esperanzador Quinario en honor de nuestros titulares, pasado ya el ecuador de la cuaresma... se hacen escasos los días que restan... parece no disponerse del tiempo suficiente para el día soñado de la salida.

Es mucho el trabajo que queda y pocas se antojan las manos.

               Por ventura, la Hermandad estuvo asistida por el trabajo y la experiencia de un hermano especial, enamorado y experto en el arte del montaje de los pasos de misterio. Me refiero a Manuel Suárez, para todos nosotros Manolito El Sacristán, al que desde esta tribuna rindo homenaje por su generosa y meritoria labor con la Hermandad.

               Llegados a este punto quisiera poner de relieve la interesante y oportuna labor del sacerdote D.Antonio Guzmán del Val, ilustrándonos en las vivencias espirituales y sociales para con nuestros hermanos... así como en la interpretación y compostura durante la estación penitencial. 

Permitidme que a modo de anécdota relate una actividad de especial sabor y raigambre en la Hermandad que muchos recordaréis. En la semana previa a la salida se realizaba una petición popular para sufragar parte de los gastos procesionales.

Por parejas y portando unos originales y viejos... limosneros de metal dorado, de cuerpo semicircular desde cuyo fondo salía el pomo que remataba en forma de cruz, íbamos llamando de casa en casa con la sonora y conocida tonadilla de...

¡Cristo de la Vera Cruz... Madre de la Concepción!.

Pedíamos una limosna que curiosamente  hacía pensar que nos estaban esperando. Incluso me atrevería a decir que la tenían preparada con días de antelación, en muchos casos.

¡Con qué alegría y calor éramos acogidos!

¡Qué desprendidos eran dentro de sus posibles!

Lo importante, lo verdaderamente meritorio no era lo que daban, sino como lo daban. Todos querían colaborar con El Señor de una forma u otra.

Por fin llegó el día del Amor Eterno: el Jueves Santo... el día que tantas veces acompañó nuestro sueño desde un año antes.

Se prepararon o se querían preparar todos y cada uno de los detalles del desfile procesional con exactitud casi matemática.

De todo el itinerario, preocupaba de especial manera el paso por la cuesta, para cumplir con el horario establecido.

Se quería mantener el orden en las filas de nazarenos, marcándose rígidamente las distancias entre ellos. Se insistía, con vehemencia, no volver la mirada atrás, permanecer en silencio y seguir con atención y obediencia las órdenes de los celadores.

Siempre llamó mi atención aquél escrito de nuestro secretario que aparecía impreso al dorso de la papeleta de sitio que decía:

“La túnica del nazareno es hábito de penitencia, no es lícito hacer penitencia a modo de diversión”.

Pero de sobremanera, nos invitaban al rezo, nos hablaban de lo que significa procesionar como penitente, de lo que la cruz representa para el cristiano... del sentido de sobriedad, caridad y humildad que la Hermandad tiene como objetivo.

 

               En las horas previas a la salida, la cuesta es un hervidero de comentarios, sentimientos, expectativas e ilusiones.

La noche es dueña de la luz. El aire se reviste de un hálito de serenidad y respeto.

El silencio quiere oírse en la oscuridad... y llegar a nuestros corazones.

 Con las campanadas de la medianoche, sin que apenas nos percatemos del chirriar de sus goznes, las puertas de la ermita se abren, con un natural sigilo y prudencia; y un año más, Coria se estremecerá con la figura tremente del Cristo de la Vera Cruz.

¡Ya la plaza es sagrario y todo el pueblo oración!

La cuesta se ofrece escasamente iluminada y madrugona. Un mutismo ancestral, de veneración y respeto se extiende por toda ella.

La luz se concentra en la puerta de la ermita desde la que se escapa una blanca y densa humareda que el contraluz la mistifica.

Un olor a cera y azahar, a incienso y claveles nos invade y eleva nuestro ánimo.

La Cruz de Guía está fulgurante y con brillantez alzada en el último escalón de la cuesta desde donde nos imaginamos, se nos antoja, que quiere pedir permiso... para procesionar por Coria.

¡Y Coria le dice que sí!

En medio del arcano respeto que los corianos sienten por su Señor del Cerro, el emotivo, impresionante e irrepetible descenso continúa con un ordenado, serio y devocional desfile de nazarenos.

La música suena en la lejanía y misteriosos acordes preparan el pasaje para la salida de Cristo Crucificado.

Bajo la mano del serio y experto capataz de Nuestra Señora de la Esperanza de Triana, Antonio Rechi, que este año, tuvo la gentileza de aceptar el ofrecimiento de llevar por las calles de nuestro pueblo, al crucificado más antiguo de todos los que procesionan en la provincia de Sevilla.

A la hora acordada

En la intimidad de la capilla

Tras los secos golpes del llamador

Con temple y mando

Con desapercibida y majestuosa lentitud,

El crucificado es levantado

 para pasmo de nuestros corazones

Y lentamente camina: acompañado sólo

 Por el chirriar de las ensambladuras

 junto al siseante andar de los costaleros.

El incienso brota a borbotones

Entre azahar, música y luna.

Ya sale de su ermita

El sobrio y austero paso renacentista

De noble madera tallada

Con una alfombra de cárdenos lirios

Por calvario...

Que al Cristo de la Vera Cruz lleva.

Los cirios presos en sus faroles

Chorrean gota a gota lágrimas de cera

Creándose un místico llanto

 

Que siente consumirse y lamenta

 no poder ya alumbrar

la bella agonía de Cristo

en la serenidad de la noche

Y un aura que del río llega

Pone música de pena

Y un murmullo de fervor

De una muchedumbre atónita

Porque... Porque...

Los escalones de la cuesta

                               Suenan, crujen, lloran,

Bajo el peso de una divinidad moribunda.

¡Está bajando el Señor del Cerro!

               Delante del retablo mayor, entrañable y bella reliquia del más original barroco, centrado en el presbiterio, se encuentra el paso de la Virgen de la Concepción, flor preparada con esmero por las delicadas manos femeninas de sus abnegadas y fieles camareras.

 Flor que espera radiante y con inocente inquietud su primera “levantá”.

“CONCEBIDA SIN PECADO” en el frontal de su retablo se lee.

 Una vez más se puede relacionar a través de este título, la más que probable relación de la Hermandad de la Vera-Cruz con la Orden de San Francisco. No en vano, fueron los franciscanos, firmes defensores en el Concilio de Trento, del Dogma de la Inmaculada Concepción. La Virgen María es la única criatura humana nacida sin Pecado Original. En esto consiste básicamente el misterio y privilegio de la Inmaculada Concepción. Por ello y por otras conocidas relaciones históricas, no es arriesgado pensar que estos austeros frailes fueran cofundadores de nuestra Hermandad en los albores del S XVI.

 

La Virgen de la Concepción

Es sin pecado concebida

Desde la pureza de su dolor

En un espléndido paso de amores

Paso de perfiles armoniosos y proporcionados

Que se diría a la medida de su entorno.

 

Igualada la cuadrilla, cargadas las trabajaderas, tensionados y atentos los pateros, se va a producir una sin igual “levantá”.

 

“Levantá” que hoy , en este momento, imaginariamente la actualizamos en memoria de Isabel, José Ignacio, Alejandro, Manolito, Paco y por extensión a todos nuestros hermanos cofrades que ya estarán a la derecha del Padre gozando de esas marismas eternas que sueñan los rocieros.

               El capataz es todo un poema de gestos, expresiones  sentimientos y de una genuina elocuencia.

  Se dirige a su cuadrilla con un vocablo claro y popular:

 

¡Va por ustedes!

¡Vamos con Ella valente!

¡A...ésta...es!

 

Es la inconfundible voz de Pepe Rechi, que en contraposición de su hermano Antonio, es todo un alboroto, un derroche de animación y gracia.

 

¡Poco a poco, menos paso quiero!

¡Pedro ese costero de la izquierda abajo!

“¡To por iguá...valente!”

 

Caminando con lentitud y hechura por el interior de la ermita, las frágiles puntas de los varales, van sorteando con exquisita maestría, uno por uno, los hoy más que nunca, blancos y difíciles arcos ojivales de la ermita.

La mecen a un ritmo tan soberano que todo su palio es melodía y canto.

Un soniquete de bambalinas se apodera de todo el silencio, con el que sólo compite la ronca y cascada voz del capataz.

Poco a poco tras cadencia, sufrimiento y ritmo.....

¡La Virgen está sola y centrada ante la puerta!

 

¡Difícil lo tienes capataz!

¡Vamos poquito a poco y de frente!

¡A tierra Cachopo, a tierra!

¡No corre......no corre!

¡Aguanta Rubio, aguanta!

¡Poco a poco!

¡Bohórquez, ahora la llevas tu!

Ya asoman los varales

Ya salen los candelabros de cola

¡Ole!, ¡Bien por mi gente!

¡Al cielo con Ella!

 

La música mezcla su solemnes acordes con emocionados vítores y aplausos, creándose una sinfonía de inusitada energía espiritual que embriagan todos nuestros sentidos.

La Virgen está radiante en la plazuela y espera con ansia esa...  Esa más que larga y difícil chicotá.

Una luna de Paraceves, de la más brillante primavera, rutilante y quieta está, porque también quiere verla bajar.

Coria, Coria entera

Está metida en la cuesta

Está impaciente y espera

Que baje, ya, la Inmaculada

Quieren ver los ojos negros

De la morena más guapa

Entre todas las morenas

¡Y es que Dios hizo la gracia!

De darle color moreno

A María Inmaculada.

“Vámonos con Ella al Cielo”

y al Cielo se fue la Inmaculada

cuando resonó el martillo

en su tercera llamada.

 

                El Nazareno, como si no quisiera alejarse mucho de la cuesta, espera al final de la Martijera la bajada de su Madre, para entrar triunfante... entre alegóricas Hosannas y alabanzas por la calle principal de Coria, como atañe a su Soberanía Divina.

                Calle Larga.Vía... donde el cuerpo de nazarenos de andaluzas y verdiblancas túnicas, recompondrá su simétrico y metódico desfilar.

Los pasos de misterio, llevados con arte y destreza por los sufridos costaleros,  recuperan en esta calle esa manera de andar bajo las trabajaderas, que marcan la pauta de nuestra Semana Santa.

Paso largo... paso largo y “reposao” y de costero a costero...      ” porque aquí en Coria”, se pasea a Dios y a su Divina Madre, con el alma llena de sentimientos.

Y el Cristo de la Vera Cruz , con su mirada baja de infinito dolor y pena, va sembrando amor, repartiendo perdón y derramando su luz, en la noche eterna del Jueves Santo.

Al llegar al convento... las monjas de la madre Angelita, las Hijas de Santa Ángela, las hermanitas de la Cruz, también tienen su importante papel en la Semana Santa.

 Ahora son ellas las que cantan con exquisita dulzura sus plegarias y oran por Coria ante Dios Sacramentado.

 

                Al regreso del convento y tras recorrer con gozo la calle Santa María, calle difícil, encajonada y angosta de nuestro procesionar, la cofradía es cautiva de un afán, una inquietud y una actividad neuronal, que pone de manifiesto... el deseo de estar pronto junto a la Virgen en su “Soledad”.

En la recoleta y castiza Plaza de Nuestra Señora de la Soledad, la que mi presentador adjetivó con finura  y delicadeza, como plazoleta de gracia y salero... Una inmensa multitud se agolpa y aprieta, ansiosa de presenciar el mágico momento en el que La Virgen María, La Madre de Dios, se encuentra de frente con Ella misma... en distintos momentos de la Pasión de su Hijo.

¡¿Qué diálogo mudo y sobrenatural entablan?!

El ambiente se reviste de una magia, de un sentimiento entre lo divino y lo humano, imposible de explicar, asistimos a una sinfonía esotérica de conjunciones casi divinas... que toda Coria la siente.

Toda la fatiga y cansancio acumulado por las emociones vividas, se alivian, se mitigan, al paso reconfortante ante la capilla de Nuestra Señora del Rocío, “espejo de la alegría y oasis penitencial”, en su camino a la Parroquia de Nuestra Señora de la Estrella, convertida hoy en imaginario Templo Catedralicio donde se muestra primorosamente adornado

El Monumento, que a Dios, nuestro Señor expone... en el día grande del amor, del perdón y del olvido.

En el interior de la Iglesia, bajo la dulce y complaciente mirada del Señor del Gran Poder y amparo de la Virgen del Carmen, reina un clima de especial espiritualidad y gozo.

                Este año los pasos entraron en la Iglesia, y los penitentes, arrodillados por parejas ante el Santísimo, rezaron sus más íntimas oraciones.

                 Y como si de La Vía Dolorosa se tratara, la cofradía henchida de un regusto “sin igual”, con los corazones llenos de amor de Cristo, inicia el regreso a su ermita.

                La Cruz de Guía, a los pies de la cuesta está... El ambiente ha decrecido por decirlo así. Sólo quedan los del barrio (debo decir que sólo fue este año)... sólo quedan los del barrio para compartir una única e inédita subida, como lo fue, la de este primer año.

                Antes que la luz cambiara de dueño, con el nítido alborear del día, y compartiendo el silencio con el cansancio, el sacrificio con el dolor, el sueño con la alegría, y el amor con la Cruz, los penitentes, siguiendo las huellas de cera que dejaron en su bajada... con un ritmo y compás repleto de espiritualismo, inician su triste recogida en una madrugada profunda de luto y silencio, sólo roto por el tañir a duelo de una campana que nos trae todo el drama de La Pasión.

 Y Jesús agonizante, entra en su morada del Cerro.

                Este año la Virgen sube mirando al Cerro, con ello pretende ocultar su sollozo al despedirse de Coria.

La Virgen llora, pero se desahoga y se consuela.

El llanto rueda mansa y suavemente de sus pupilas,

Sin una contracción en sus labios, sin un rictus en su rostro.

Es el dolor sereno y templado de La Madre afligida, que conoce el misterio de sus penas y se siente corredentora del linaje humano.

El paso en el suelo está... y avisaba el capataz... en cuyo corazón, deberían estar sonando en un concierto maravilloso los violines de la Fe, y cuando los costaleros estuvieron preparados, dio la voz de:    ¡¡¡Al Cielo con Ella!!!

Al Cielo con la Concepción Inmaculada, y los costaleros la alzaron con fortaleza y vigor, ante el estremecimiento de Coria entera.

Así debió de ser la Asunción. Así debió ir la Virgen a las Alturas.

 Qué así fue aquél prodigio maravilloso, en el que la  Virgen iría, como la Concepción del Cerro por las calles de su pueblo, que a su paso no son calles sino Cielo, Cielo glorioso y bendito, Cielo de Coria del Río.

                 Y el Cristo de la Vera Cruz, que en su subliminal y majestuosa subida al Gólgota de Coria, fue desgranando en diferentes tramos de la cuesta... seis de sus “últimas siete palabras”, al entrar en la ermita del Cerro, espera que su Madre esté junto a Él, a sus pies, para exclamar la séptima.

Entonces Jesús... Jesús del Cerro, dando un potente grito exclamó:

          ¡¡¡PADRE EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU!!!

Y diciendo esto, expiró.

¡Qué suerte tuviste, oh Cruz!

Cuando en tus manos expiraba

El que era la misma vida

La omnipotencia increada

Que al descenderlo de tí

Ya otros brazos lo esperaban,

Los brazos puros y benditos

De Su Madre Inmaculada.

La Pasión está  llamando a su fin..........

Cuando todo se termina,

Cuando todo es luto y dolor

Cuando la desesperación y tinieblas

De nosotros se apodera

Y sólo... el espíritu de Dios

Impregna toda la ermita

Con recóndita divinidad, desde La Cruz,

Se produce el místico y supremo descendimiento

 

Como las santas mujeres en el sepulcro

Manos de vírgenes corianas lo amortajan

María de Gracia y Esperanza,...

 Dulce Nombre de María, Carmen, Rosario...

¡Mientras Soledad en Coria espera!

Guiado por La Estrella que un día bajó de los Cielos

Para iluminar a Coria

Con celestial arrullo y sonoro revoloteo

Un bando de palomas blancas

Que del Rocío llegan

Trasladan al Cristo de La Vera Cruz

Meciéndolo en los columpios del aire

Desde su Getsemaní y Calvario

Al blanco sepulcro de la Soledad

¡Coria ya no está sola:!

Presiente y espera el prodigio más grande de la historia

Misterio insondable y piedra angular de nuestra fe

La Resurrección

La muerte ha sido vencida

Jesús muriendo destruyó la muerte

Resucitando restauró la vida

Y con este triunfo, se abre el camino a la vida eterna.

Coria... Coria

Lo proclama, conmemora y festeja

desde un limpio y jubiloso amanecer

En el Domingo de la Pascua Florida

Con sus sentidos, brillantes, y...

Populares Abrazos, al despuntar la mañana.

 

                Finalizo recordando, al que durante muchos años fue director espiritual de esta hermandad, el sacerdote jesuita José Manuel Benítez Carrasco, que al término de su pregón, recitó, una poética y profunda oración personal en la que pide al Señor fortaleza en su lucha de cada día, para aceptar su Cruz.

Quizás el Padre Benítez vislumbraba el fin de sus días entre nosotros:

Desclávate, Jesús, baja y camina

Que te siento en La Cruz alto y lejano

Desclávate, Jesús, dame la mano

Que el camino es oscuro

Lo ilumina tibiamente la fe

Mientras camina el poder de las sombras soberano

Desclávate, Jesús, muéstrate humano

Desclávate, Jesús, me desatina

Tener que subir yo a esa cruz tan ruda

Desclávate, Jesús, vente conmigo

Tu callada respuesta mi alma muda;

Y esta es la oración que ahora te digo,

Aunque en angustia el corazón trasuda

Enclávame en La Cruz, pero contigo.

 

                                                               ¡¡¡Ahí quedó!!!

Gracias Señor del Cerro

 


 

XIX PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

 

A cargo de

 

Dña. Rocío Gandul Navarro

 

Pronunciado a los 8 días del mes de marzo, en el año del Señor de 2008

 

 

 

- Sr. Párroco de Santa María de la Estrella, Don Antonio Santos Moreno.

 

- D. Antonio Rodríguez Babío, Diácono de nuestra Parroquia.

 

- Ilustrísimo Sr. Alcalde, Presidente del Excelentísimo Ayuntamiento de Coria del Río.

 

- Sr. Presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías D. Juan Manuel Llano González.

  

- D. Abelardo Campos Alcaide, Hermano Mayor y Junta de Gobierno de esta Humilde y Antigua Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Stmo. Cristo de la Vera-Cruz, Purísima Concepción de María Stma. Y San Juan Bautista.

 

- Sr. Delegado de Cultura, D. José Suárez Álvarez.

  

- Hermanos Mayores y Juntas de Gobierno.

  

- Hermanos de la Hermandad de Vera-Cruz, Amigos y Cofrades de Coria del Río.

 

 

GRATITUD.

 - Quisiera agradecer a la Junta de Gobierno, la confianza que han demostrado tener en mi persona, para llevar a cabo este acto tan importante y solemne como es ser la Pregonera de esta Hermandad.

  - Agradecer también, a un miembro de la Junta concretamente a su Teniente Hermano Mayor D. Octavio Martín Cañestro, no solo la confianza en mi, también toda la ayuda que me ha ofrecido, así como su disponibilidad en todo momento.

 - También quisiera agradecer a mi madre, el apoyo incondicional que en todo momento me ofrece, para realizar dichos actos.

 - Y por último, quiero agradecer a una persona que se encuentra aquí, entre nosotros, su gran Fe, amor y devoción hacia esta Hermandad, pues si ella no me hubiese inculcado todos sus sentimientos, quizás no hubiese podido escribir lo que hoy vais a escuchar.

Esa persona, es mi hermana mayor, Rosario Gandul Navarro. Gracias Tata.

 

 

DEDICATORIA.

 También quisiera que me permitieseis dedicar mi Pregón.

 Y va dirigido a todas esas personas que nos enseñaron a rezar, a amar, a adorar, a tener Fe en el Señor, esos que ya no se encuentran entre nosotros, a todos aquellos que recibieron la llamada de Dios, para dejar la Tierra y pasar a una nueva vida en el Reino de los Cielos.

   

 

ENCOMENDACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.

 Dicho esto y antes de comenzar con mi Pregón, dejadme por favor, que me encomiende a la Stma. Madre de Dios.

  -A esa Sta. Madre que la llamamos con distinto nombre cada día, pero que sigue siendo la misma, sigue siendo la Stma. Virgen María.

  -Dame Tu Estrella que iluminas el firmamento, la oración en mi Rosario y el Dulce Nombre que hace que lo escrito sean gotas de Rocío convertidas en sentimientos.

 -Lléname de Gracia y Esperanza, como en cada viaje llenas, Tu Carmen, los corazones de los marineros.

 -Y que la Bendita Concepción de María me ilumine el camino de la Fe, para poder coger mi Cruz y seguirte, buscando la Soledad de esa Madre que quedó sola durante tres días, esa a la que yo hoy me encomiendo, esa que tiene tantos nombres, pero sigue siendo la misma. La Stma. Virgen María.

 

 

EL COMIENZO.

 Cómo comenzar a escribir, cómo comenzar a hablar, cómo comenzar a expresar los sentimientos que hay dentro de mi alma.

 ¿Como una historia?, ¿como una leyenda?, ¿como un cuento quizás? Sí, un cuento, un cuento con su principio y su final, un cuento que ya todo el mundo conoce, pero que todo el mundo desea volver a escuchar.

 Dichoso día en que aquella carabela cargada con tres Cristos crucificados, zarpó de Sevilla hacia Nuevo Mundo.

 Que bendita hora en que la nao quedó parada por tercera vez, justo a los pies del Cerro de San Juan.

 De los tres Cristos, solo quedabas tu, los otros dos habían quedado atrás.

 Pero te bajaron de aquel hermoso barco de velas, y este de nuevo comenzó a navegar, quisiste quedarte aquí, y aquí te dejaron, en el Cerro de San Juan.

 Pues cómo no te ibas a quedar, si al pasar por Coria quisiste mirar, y seguro que quedaste prendado, prendado de su Fe a Dios y su amor a la Stma. Virgen María, prendado de su gente, de su cielo, de su dulce aroma a la bella flor del azahar.

 Y aquí estás, después de tantos y tantos años, con nosotros sigues, al ladito del Guadalquivir, ese maravilloso río que te trajo aquí.

 Seguirán pasando los años, años en que todos los que aquí estamos, ya habremos pasado a gozar de tu compañía allá en el Cielo, pero esta historia, esta leyenda, este bello cuento, perdurará, y seguirá perdurando, nunca morirá, pues es tanto lo que Coria te ama, que jamás dejará en el olvido, la vieja leyenda de tu llegada a la antigua Caura.

  

 

EL RECORRIDO.

  Ya termina la noche, dejando que durmiera la luna sobre su gran espejo, “El Guadalquivir.”

 Amanece un nuevo día, Jueves Santo.

 El sol brilla radiante en el cielo que está celeste y claro, la escalera del Cerro comienza a ser protagonista con sus corianos subiendo y bajando.

 Subo los 33 escalones que llevan hasta Dios Crucificado y su Santísima Madre.

 La Ermita está llena, las mujeres de luto y mantilla adornando las solapas con los sencillos pero también bellos lazos verdes.

 Paso el umbral de la puerta, y ahí, el paso de mi Cristo de la Vera-Cruz, y a sus pies, un monte de claveles rojos, claveles que serán tu alfombra de dolor y serán la sangre que va derramando tu cuerpo y se desliza por la Cruz.

 Y detrás, el resplandor de la cara mas bonita y “agitaná” llama la atención. Morena y guapa aunque amargo es su dolor, paciente y fiel, María Stma. de la Concepción.

 Bajo tu palio bordado, el aroma de las flores que adornan tu paso te embriagan para darte consuelo, tu manto liso y verde esmeralda, reluce en la Ermita junto con tus varales  de oro y plata.

 Le rezo al Señor y trago mis nudos en la garganta, pues mucho significas para mi, aunque de esta Hdad. Aún no sea hermana. Pero cuando vuelvo mi cara hacia esa Madre Buena, que tras su Hijo muerto en un pañuelo blanco de seda ahoga sus penas, no puedo evitar que de mis ojos broten lágrimas, ¿quizás por tu dolor?, ¿o por la pena que sientes?, ¿es por tu belleza?, ¿o por emoción simplemente?

 Salgo de la Ermita de San Juan, con el corazón repleto de Fe y amor.

 Pero conforme va pasando el día, el sol que brillaba radiante y amarillo, se va poniendo en el horizonte pálido y rojizo, y el cielo que esclarecía de celeste inmaculado, comienza a teñirse de gris y nublado.

 Pero no, no lloverá, el cielo no derramará sus lágrimas por Jesús Hijo de Dios y muerto en la Cruz, aunque..., aunque nos dejará ver su amargor.

 El aire viene frío, la noche temblorosa se abre  camino hacia el Cerro, donde las puertas de Ermita de San Juan aún siguen cerradas. Comienza el remolinear de la gente, comienza a llenarse la escalera y los alrededores de la Iglesia, nadie quiere perderse la salida.

 Llegó la hora, el crujiente sonido de las puertas de madera suenan en la noche, dejándonos ver en su interior la tenue luz de los cirios encendidos.

 Sale la Cruz de Guía, el pueblo comienza a enmudecer, nazarenos verdes van llenado la escalera abajo que ya está repleta de gente, salen los ciriales, ya solo se escucha la campana doblando en el campanario, Dios ha muerto en la Cruz y Coria lo está esperando.

 ¡Mira a tu pueblo Señor!, ¡mira como en sus ojos te piden deseosos tu perdón!, ¡mira a tu pueblo Señor y perdónalo antes de entregar tu espíritu a Dios!

 Todo está cumplido, ya Jesús ha muerto en la Cruz como estaba escrito.

 Te llora tu Sta. Madre Concepción, que aún dentro de la Iglesia aguarda con su mayor dolor, pero también te llora Coria, elevando al cielo una oración y te siguen en el camino de sus calles, derramando su amor a Dios.

 La cera de los cirios comienza  caer en los peldaños de piedra, esas gotas que van quedando, son lágrimas perennes que abrazan al suelo dejando una alfombra blanca que pisarán tus costaleros.

 Costaleros que te llevarán bajando tu calle San Juan, para seguir paso a paso, despacito despacito por Martijeras, también seguirán por Cervantes buscando el reloj, y en Antonio Pérez Tinao, Coria te sigue dando amor.

 Ya vas dejando atrás el Cerro, la Ermita, la escalera, allí, donde la misma gente que te vio salir, a la Stma. Concepción de María esperan, que seguirá tu camino por Coria, por esa alfombra blanca de cera.

 Mi Señor ya está entrando en Quevedo y llegará a Sta. Ángela de la Cruz parando en el Convento, donde las hermanitas te rezarán cantando sus plegarias, te llorarán con lágrimas salidas del corazón que subirán a los cielos proclamando tu clamor.

 Ya te llevan Señor, buscando la calle Carretero y las hermanitas de la Cruz aguardan impaciente a tu Sta. Madre, para también rezarle cantando, para también llorar con ella la muerte de Dios hecho Hombre.

 Madre mía, cuando bajas la cuesta del convento mecidita entre varales, te acompañan los querubines del cielo al son de la melodía formada por las bambalinas choncando en los varales.

 ¡Escuchar como suena!, ¡que bonito son!, sonido que se mezcla  con el aire que roza tu cara morena y aunque hermosa reflejando su dolor.

 Y mi Cristo Crucificado ya sale de Santa María para volver a la “calle larga”.

  Por Zurbarán ya va de recogida, pero no puedes dejar a tras  a tu Bendita Madre del Rocío y en su plaza te paras ante el “Simpecao” Divino.

 Sigues por tres de Abril apresurado y con ganas de coger la antigua calle Porche donde tus nazarenos entran a rezar a la Parroquia de dos en dos, y cuando han acabado su oración salen a la Plaza de Ntra. Sra. De la Estrella siguiendo tu camino, tu senda Señor que ya por Pinta al Gran Poder dices adiós.

  Pero mi Gran Poder y mi Virgen del Carmen, también esperan a María Stma. De la Concepción mientras siguen entrando nazarenos de dos en dos.

 Mi Dios crucificado ya se despide de Cervantes y en Méndez Núñez Coria sigue en pie rezándote y coges la “revirá”, la última entre las calles de tu pueblo, para volver a tu calle San Juan, ¡que silencio!, ¡que respeto!, ¡que amor lleva el paso cuando está acabando la procesión! Al pie de la escalera ya es “madrugá”.

 ¿Habéis visto como se ve el Señor desde arriba cuando sus costaleros lo traen de una “chicotá” otra vez a su Ermita?, ¿Verdad que es muy bello?, una sombra se ve, una sombra subiendo al Cerro, la sombra de un Cristo Crucificado sobre un madero.

 ¡Ya estas arriba Señor!, ¡ya te despides mi Dios!, oímos la voz del capataz, ¡menos paso quiero!, las campanas vuelven a doblar.

¡Ya estas dentro!, pero yo sigo aquí, esperando a tu Sta. Madre que no se queda sola no, pues Coria también la espera para darle su mayor consuelo de amor.

 Ya se acaba la noche, pero nadie quiere dejarte sola, ¡súbela despacito costalero, que hasta el año que viene no vuelvo a verla por Coria!

 ¡Ya estas arriba. Los costaleros han subido el último escalón, otra vez estas junto a tu hijo!, y ya solo queda decir... ¡hasta el año que viene María Stma. De la Concepción!

 

  

TODO ESTÁ CUMPLIDO.

 

 Se ha cubierto el cielo de nubes

Y el aire viene lleno de espesura

El hijo de Dios hecho hombre ha muerto en la Cruz

Como dicen las escrituras.

 

 

Tu muerte, es mi salvación

tu Resurrección será mi locura

pero el verte ahora crucificado

mi corazón llena de amargura.

 

 

Y tu Virgen Santa

tu también sientes amargura

lo veo en tus ojos de madre

y en tu mirada serena y pura.

 

 

Sin consuelo vas por Coria

despacito detrás de tu Hijo

quieres acurrucarlo en tu pecho

como lo hacías cuando era niño.

 

 

Pero, ya se ha cubierto el cielo de nubes

y el aire viene lleno de espesura

mi Cristo de la Vera-Cruz ha muerto

como dicen las escrituras.

 

 

TODOS SOMOS HERMANDAD.

 Cuantos recuerdos de mi niñez me vienen a mi cabeza, y entre todos ellos, un sentimiento que no puedo dejar en el tintero, como ser Hermandad y como sentirla por dentro.

 Recuerdo siendo niña, esos Jueves Santos por la mañana, dejando que se me pegaran las sábanas, pues ya hasta el Lunes siguiente no había colegio.

 Y dormida, pero con ese sueño tan despierto, que al sonar en la puerta el puño de alguien golpeando, abría los ojos y de un salto me levantaba de la cama.

 Mi madre, desde el patio, el salón o la cocina nos llamaba a mi hermana y a mi con ese..., -¡Rocío, Inmaculada, los nazarenos!, pero nosotras ya estábamos en la puerta peleándonos por abrir con esas sonrisas tímidas en nuestros rostros, y cuando por fin abríamos, hay estaban los nazarenos con sus túnicas blancas, capas y capirotes verdes, y sus manos cubiertas por guantes blancos sosteniendo una hucha para recoger donativos para su Hermandad y donde nosotras echábamos las monedas que ya nos había dado mi madre.

 Y nos sentíamos, con ese simple gesto, las niñas más felices del mundo y si a cambio recibíamos algún caramelo, ya era el no va más.

 Nos gustaba quedarnos viendo como los nazarenos seguían recogiendo donativos por las demás casas.

 Y es increíble, como cosas tan sencillas como estas, nos marque en nuestras vidas, pues con tan solo echar unas monedas en la hucha, con el simple hecho de estar pendiente de la puerta aún estando dormida, me hicieron sentir que yo también formaba parte de esta Hermandad.

 Y es que, todos somos Hermandad.

 Cuando subimos a esta Ermita de San Juan los Jueves Santo por la mañana, para contemplar a Jesús Crucificado y perdernos en el oscuro caoba de su paso custodiado por los cuatro Apóstoles, o cuando nos embriagamos en el resplandor que desprende bajo su palio María Stma. De la Concepción.

 Somos Hermandad, cuando colaboramos con ella, cuando salimos de casa con los nervios a flor de piel, sin dejar de mirar el reloj y pensando – ojalá pueda coger un buen sitio para ver la salida.

 Somos Hermandad, cuando echamos la vista atrás y recordamos en el pasado aquellos años donde muchos corazones corianos se dejaban la vida en un Jueves Santo.

 Cuando recordamos a muchos que fueron y son, y muchos que fueron y nos dejaron.

 Aquellas flores adornando los pasos que con tanto esmero y amor Enrique con sus manos colocó, aquellas palabras salidas del alma de un capataz a sus costaleros como decía Pepe Asian, el amor y la sinceridad que se fundían en un verso cuando Juan “ El Mancha” llamaba y gritaba ¡Hasta el cielo!

 Ahí abajo entre costero y costero Tomás Sosa Salas con su morral te llevaba a pasito lento, o a mi marido con mi amigo Fernando Bizcocho sintiendo al lado de un amigo sincero ¡Andrés Gandul!, ¡mi hermano!, ¡que aunque ya no se meta debajo, siempre será tu costalero!

 ¡Cuantos como mi padre, se ponían la túnica que ahora visten en el cielo y cuantos otros cada año la siguen vistiendo, como en esa manigueta donde va Cabello!

 Tiempos que se fueron quedan en el recuerdo, y qué bonito es recordar, pero más tiempos nuevos tienen que llegar y mientras recordemos, vivamos y no olvidemos siempre, siempre, seguiremos siendo Hermandad.

 

  

SIN FE, NO TENEMOS NADA.

 Bendito Cristo de la Vera-Cruz, largos años han pasado desde el nacimiento  de tu antigua Hermandad.

 Muchos son los corazones que te han amado, y muchos son los corazones que te siguen amando.

 Cuantos niños hoy siendo hombres subían la escalera para ir al colegio, cuantos niños hoy siendo costaleros soñaban con ser mayor para llevarte con treinta y tantos hombres mas entre costero y costero.

 Es la Fe la que ha hecho posible tantos sueños cumplidos, la Fe hace posible que estos niños que ya se han convertido en hombres, crecieran volcados en su Hermandad.

 Es la Fe la que nos llena el corazón de sentimientos, sentimientos que ya no pueden arrancarse de dentro, quedan grabados como tinta sobre el papel.

 Que fuerza lleva ese..., no se, ese sentimiento, ese amor que hace que crezcamos y vivamos amando y adorando a Dios.

 Es imposible tener Fe y no mirar los ojos de la Stma. Virgen de la Concepción, pues su mirada la hace aún mas grande, su semblante como ninguna, y sus lágrimas, sus lágrimas la hacen aún mas pura.

 Pero...,¿podemos saber cuanta Fe tiene un niño?, no, no podemos, quizá, más que muchos de nosotros.

 Y digo esto, porque no he visto manera mas bonita de explicar lo que es la Fe y lo que puede llegar a lograr, que la que leí un día en un antiguo libro de Expiración, concretamente, en el de Expiración de Coria del Río del año 1972.

 En el leí, no se como llamarlo, podríamos decir que es una leyenda, no tiene autor, es anónima, se titula La Salve.

 La he leído muchas veces y siempre el vello se me pone de punta mientras noto como las lágrimas brotan de mis ojos.

 Es tan bella, que como he dicho antes, creo que es la mejor respuesta al significado de la Fe.

 No es larga, pero aún así no puedo contárosla entera o con las mismas palabras, pero quiero que eso mismo que siento yo cada vez que la leo, lo sintáis también vosotros por dentro, por eso, aunque no es obra mía, dejadme que intente resumírosla, y dice así:

  

  

LA SALVE

 El niño estaba solo en casa. Sus padres habían arrimado la cama en la que se hallaba imposibilitado a la ventana, para que desde allí, pudiese ver la cofradía.

 Cuando oyó que el murmullo aumentaba, se asomo desde su cama, y pudo contemplar la llegada de un severo paso de caoba rematado por una espesa alfombra de claveles rojos sobre la que se hallaba una solitaria Cruz.

El niño quería rezarle una Salve a la Virgen, y por ello, sus ojos siguieron velozmente las dos largas filas de nazarenos que seguían a la Cruz, hasta clavarse en un ascua de luz que se divisaba a lo lejos y que era el paso de la Stma. Virgen.

No pudo esperar la llegada del paso hasta su ventana y comenzó a rezar la Salve.

 En ese momento, una voz interrumpió su oración con una pregunta:

 

- ¿Por qué rezas a la Virgen y no a la Cruz que tienes delante?

 

- Le rezo porque quiero pedirle que me cure-, contestó el niño sin quitar la mirada del paso de palio que aún se hallaba lejos.

 

-Eso puedes pedírselo a Dios, el está en todas partes y te oirá.

 

-Si, pero en casa yo se lo pido todo a mi madre, y ella convence a mi padre. Ahora yo suplico mi curación a la Virgen, para que ella interceda por mi ante Dios.

 

Dicho esto, y sin mirar quien le hablaba, continuó con su oración.

 Cuando acabó de orar, miro para ver quien había sido su interlocutor, no vio a nadie.

 Miró al suelo, y vio unas huellas de sangre que se dirigían hacia la puerta.

 Cogió nerviosamente sus muletas para ir hacia allí, pero estas se les escaparon de las manos y cayeron al suelo, pero el quedó de pie, sostenido por sus propias fuerzas.

 Corrió hacia la puerta y la encontró entreabierta y con manchas de sangre en su picaporte.

Asustado volvió a la ventana, y aún pudo ver alejarse, sobre un severo paso de caoba rematado por una espesa alfombra de claveles rojos, una impresionante talla de Cristo Crucificado.

 ¿Verdad que es bella?, ¿habéis oído alguna vez, una manera de explicar con tanta exactitud lo que es la Fe?, ¿lo que significa?, ¿lo que puede llegar a lograr?

¡¿Habéis sentido un escalofrío recorriendo vuestro cuerpo emocionado, al imaginarse a ese niño rezando desde su ventana?!

 

Que grande es la Fe, tan grande que sin ella, no tenemos nada, tan fuerte y poderosa, que puede ponernos el vello de punta con tan solo escuchar una oración, salida de los labios de un niño.

  

 

LA FE.

 - ¿Qué es la Fe?

Es una virtud teologal

Es el creer sin necesidad de ver

Es sentir por Dios amor y fidelidad.

 

 

- ¿Qué significa la Fe?

Significa devoción

Significa sentimiento

Significa plegaria y oración.

 

 

- La Fe nos inunda el corazón de esperanza

la Fe nos llena el alma de alegría

la Fe vive en nuestro interior

y nos guía por el camino de la vida.

 

 

- ¡La Fe es la noche y el día!

¡es el ayer, el hoy y el mañana!

¡Lléname Señor de Fe mi vida!

¡porque sin Fe, nunca tendré nada!

  

  

ALGO DE TI QUEDÓ CON NOSOTROS.

 Sta. Madre de Dios, Bendita Virgen de la Concepción.

 ¿Cuánta gente, cuántos hermanos, cuantas son las personas que durante años han venido hasta tu Ermita para rezar y adorar esa cara tan bonita?

 Dime Tu Sra. Mía, ¿cuántos de ellos te pidieron y rogaron que siempre estuvieses a su lado?, y cuantos lo siguen haciendo.

 Después de mas de medio siglo con nosotros, nadie podía imaginar que se hiciera tan larga la espera, nadie podía creer que tan solo algo mas de un mes, pareciese toda una eternidad, pero tal y como te fuiste, regresaste.

 Aquel pasado 9 de Julio, a las nueve de la noche, ya estabas preparada para marchar, sin embargo, los que aquí se encontraban, no lo querían ni tan siquiera imaginar.

 Vestidita de blanco, sin salla, solo un sencillo vestido blanco llevabas.

 Cubierta por una mantilla bordada y también blanca, blanca Inmaculada.

 Aquellas que te visten y peinan, aquellas que saben resaltar tu belleza, ¡tus camareras!, se acercaban a ti para llevarte hasta la puerta, todas te iban rezando mientras te apretaban delicadamente entre sus brazos, no querían que te fueras, no querían dejarte, pues como de larga se iba a hacer la espera.

 Que solemnidad, que amor a la Stma. Concepción de María, que humildad y saber estar se respiraba en esta Ermita aquel día.

 A muchos de los aquí presentes se les llenaron los ojos de lágrimas al verte marchar.

 Pero no te fuiste del todo, dejaste todo tu amor, dejaste todo tu aroma, y aquellos que diariamente se recreaban en tu bellísima mirada, seguían viniendo a tu Ermita para pedir a tu Hijo Crucificado que te cuidara.

 No te veía aquí, y aún sabiendo que no estabas, sin poderlo evitar con sus miradas te buscaban.

 Podían sentirte, como te siento yo ahora, por eso no te fuiste del todo, algo de Ti quedó en Coria, algo tan grande y clamoroso, que aún faltándonos Tu presencia, seguías en el interior de cada coriano, seguías aquí, en el corazón, seguías estando con nosotros.

 En cada oración, en cada plegaria, en cada mirada a tu altar vacío, seguías estando con nosotros.

 Ya se Madre mía, que aunque nuestros ojos no puedan verte, Tu sigues a nuestro lado, pero..., lo siento, pero Coria no puede vivir sin la dulzura de tus ojos, no podemos ni queremos pensar, el no ver mas esas estrellas convertidas en lágrimas cayendo por tu rostro.

 En lo único que podíamos pensar, era en tenerte otra vez entre nosotros, y por fin esa intensa espera llegó a su final.

 Tras largos y angustiosos días, el 28 de Agosto, a las seis de la tarde, de tu restauración volvías.

 ¡Ya estas aquí!, ¡en tu Cerro!, ¡estabas de nuevo en tu Ermita!, ¡ya estabas en tu pueblo!, ¡al lado de los que te querían y te siguen queriendo!

 Y tal y como te fuiste, regresaste, con tu sencillo vestido blanco, con tu bordada e Inmaculada mantilla, ¡y las mismas que entre sus brazos rezando te llevaban!, ¡ entre sus brazos rezando hasta el altar te traían!

 Vuelven a llenarse los ojos de lágrimas, pero esta vez, son lágrimas de alegría, ¡ya estás otra vez con nosotros!, ¡ya Coria vuelve a dormir tranquila!

 

  

ES IMPOSIBLE PASAR, Y NO MIRAR HACIA ARRIBA.

 Antes de finalizar dejadme que os cuente, una pequeña parte de mi infancia que para mi, es bastante curiosa.

 Cuando era niña, como todo niño, mi madre me levantaba temprano para ir al colegio, mi colegio, éste de aquí atrás, “El Cerro de San Juan”, pues bien, salía de mi casa, aquí en la calle el Palomar, y muchas veces eran, las que nos reuníamos algunas amigas para subir juntas al Cerro, y he aquí mi curiosidad, algunas veces una de estas amigas me decía: -¿Por qué en vez de irnos hoy por la escalera, no nos vamos mejor por la cuesta? – No, yo no, yo me voy por la escalera.

 Otro día: -Pues yo hoy me voy por la cuesta, ¿tú te vienes?, - No, yo prefiero las escaleras.

 Nunca subí al colegio por la cuesta, pero..., ¿por qué?, ¿por qué aunque subiese sola al colegio prefería la escalera?, nunca he podido contestar a ello.

 Pero aún no acaba aquí mi curiosidad, pues cuando tocaba la sirena para volver a casa, esta amiga volvía a preguntarme si me iba por la cuesta, pero ya sabía mi respuesta.

 Y salía del colegio con la esperanza de que esta Ermita estuviese abierta, y el día en que lo estaba, no podía pasar sin entrar antes en ella.

 Me ponía aquí, delante del altar, y le rezaba a mi Stmo. Cristo de la Vera-Cruz y a su Sta. Madre Concepción.

 Y me llama la atención, que aún después del paso de los años, cada vez que paso por Martijeras, siempre, siempre, miro hacia arriba y pienso..., ¡Quién pudiera volver a ser niña, para salir del colegio pensando, ojalá esté abierta la Ermita, para entrar a contemplar, rezar y adora a Dios muerto en la Cruz y a su Sta. Madre que allí se encuentran!

 ¡Quién pudiera volver a ser niña, para subir día tras día tu escalera!

 Y es que..., ¡es imposible pasar y no mirar hacia arriba!, ¡es imposible pasar y no tener la tentación de subir esperanzada en que esté abierta la puerta!, ¡es imposible pasar y no cerrar los ojos para soñar aunque solo sea por un segundo, con esa espadaña blanca y su campanario!, ¡o esa Cruz  rodeada de naranjos en el centro de tan bello paraje, pequeño quizás, pero bello, muy bello!

 ¡Es imposible pasar y no imaginar al Cristo de la Vera-Cruz saliendo el Jueves Santo y bajando la escalera o a María Stma. De la Concepción mecida por sus costaleros, esos hombres que en cada paso, le dan todo su consuelo!

Pero aunque no vuelva a subir diariamente la escalera, aunque ya solo lo haga en ocasiones, nunca podré olvidarme de Ti Señor, que yaces sobre el madero, ni me olvidaré de Ti Virgen Santísima, que lloras a tu Hijo con un desgarrador dolor y sin consuelo.

 Pues el amor hacia vosotros con el paso de los años, ¡ha aumentado conmigo!, ¡mi Fe y Devoción se ha ido fortaleciendo conmigo!, ¡mi cariño y admiración han ido creciendo conmigo!, y para mi, ¡desde el mas sincero cariño siempre seréis, mi Concha y mi Canijo!

 

He dicho.

               

 


 

XXIII PREGÓN DE LA VERA-CRUZ

 

A cargo de Nuestro Hermano

 

D. Manuel Ramírez Barrera

 

Pronunciado a los 24 días del mes de marzo, en el año del Señor de 2012

 

Ermita de San Juan Bautista, 24 de Marzo de 2012

 

    Palestina, Tierra Santa, año 63 a.C., el general Romano Gnaeus Pompeius Magnus más conocido como Pompeyo el Grande, interviene en la guerra fratricida que enfrentaban, a dos hermanos de la dinastía Judía Macabea, que luchaban por heredar el antiguo reino Palestino que formaban las provincias de Galilea, Samaria, Judea y Perea. Después de tres meses de asedio y doce mil judíos muertos, el ejército de Pompeyo toma Jerusalén. La tierra prometida siglos atrás por Dios al pueblo de Israel había sido conquistada por el Imperio Romano. El Emperador Julio César en el año 47 a.C. nombra procurador de Judea a Herodes, a quien posteriormente el Cónsul Romano de las provincias orientales Marco Antonio en el año 40 a.C. le concede el título de Rey de Judea, convirtiéndose pues en Herodes I el Grande, y ostentando así el poder del país que vería nacer pocos años después al Mesías, al Hijo de Dios.

    ¡Qué lejano quedaba el orgulloso pueblo israelita! guiado por Abraham, nuestro patriarca en la Fe. Qué lejos quedaron sus descendientes: Isaac, Jacob, Judá, Fares, Esrom, Aram, continuando por el rey David, Salomón, Roboam, Abías, Asa, Josafat, Joram, y terminando por Jacob, y Jacob engendró a José, esposo de María, Madre de Jesús, apodado de Nazaret, y al que llamarán el Cristo por los siglos de los siglos.

    A partir de aquí, acontecerá la titulada por el séptimo arte como “La Historia más grande jamás contada”. Todavía resuenan las panderetas y las zambombas de las pasadas fiestas navideñas en las que hemos recordado los 2012 años de este acontecimiento, que tuvo lugar en una de las más pequeñas y humildes aldeas de aquella Palestina, como era Belén de Judea. Jesús vino al mundo y habitó entre nosotros a pesar de la actitud criminal de Herodes en el episodio de la “Matanza de los Inocentes”, qué título histórico más inhumano y desgraciadamente más actual. Y todo ello, siempre bajo el poder de Roma, la ciudad eterna, que será por méritos propios y no por casualidad, el nuevo epicentro jerárquico del Pueblo de Dios que peregrinará por este mundo hasta la venida del Salvador en el fin de nuestros días.

    Sí hermanos, nuestro Dios se hizo Carne en la región del mundo más asediada, conquistada y profanada en toda la historia del hombre. Allí quiso ser bebé creciendo junto a sus padres, allí quiso ser niño jugando con sus amigos de la infancia, en aquellas tierras angostas quiso crecer, vivir y morir. Y allí, en la tierra más pobre y más revuelta de aquellos tiempos, Jesús quiso encuadrar su vida pública para dar ejemplo y darnos a conocer a toda la humanidad, que el Amor a Dios y el Amor al prójimo no tienen que ir acompañado de entornos de riqueza ni en contextos bañados por la abundancia. Fue su mensaje evangélico más continuo y repetitivo: El Amor con mayúsculas, el que brota del corazón y nos hace despojarnos de los bienes materiales, de las envidias personales, de los privilegios mundanos, del odio rencoroso, del egoísmo y de todo aquello que nos aleja de Dios. El Amor, que nos debe acercar al más necesitado, al pobre de espíritu, al joven sin oportunidades y a los padres de familia sin trabajo. El Amor que nos obliga a estar con la madre que no puede dar de comer al hijo, aquí y allende nuestras fronteras, porque nuestro prójimo, el de Jesús, no tiene raza, ni apellidos, ni pasaporte. Y el Amor que nos exige a estar con el niño no nacido por las garras despiadadas del aborto, por la comodidad humana, por la codicia de un negocio que genera mucho dinero y por el egoísmo personal convertido en crimen, aunque no esté así contemplado en nuestro Código Penal. Qué pena me da pensar que el aborto es ya con creces la mayor causa de mortalidad humana en España, con cerca de un millón de niños asesinados en los últimos 10 años, que son extirpados literalmente del vientre de su propia madre. Qué amarga tristeza recorre mi alma al ver a tantos responsables públicos convertidos en Herodes, y observar a ciertos profesionales de la medicina que, transformados en ejecutores de unas mentes sin escrúpulos, hacen hoy día, de verdugos de niños inocentes como si de soldados de la Corte de aquel malvado Rey se tratara.

    Queridos hermanos, como un padre que conoce bien a sus hijos, Dios nuestro Padre conoce muy bien el corazón de los hombres, de nosotros sus hijos. Y por eso no satisfecho con enviarnos a su Hijo único para Reconciliarse con el Hombre y darnos a conocer mediante sus obras y sus palabras el nuevo Mandamiento del Amor y del Perdón, quiso como culmen de la vida terrenal de Jesús, que muriera mediante la más horrible y despiadada muerte que existía en aquella época, la crucifixión.

    La cruz, con sus dos maderos, nos enseña quiénes somos y cuál es nuestro camino: el madero horizontal que Jesus portó sobre sus hombros, nos muestra el sentido de nuestro caminar en la tierra, al que Jesucristo se ha unido haciéndose igual a nosotros en todo, excepto en el pecado. Como tantas veces nos indicó nuestro querido Padre Benítez, el madero donde estuvieron clavados los brazos abiertos del Señor nos invita a amar a nuestros hermanos como a nosotros mismos. La horizontalidad de su figura, nos indica el camino que debemos de recorrer en la tierra cumpliendo sus enseñanzas, para posteriormente poder abrazarnos al madero vertical, que después de nuestra muerte nos elevará hasta la Gloria Eterna de nuestra Salvación. El madero vertical nos enseña cuál es nuestro destino eterno. No tenemos morada acá en la tierra, caminamos hacia la vida eterna. Todos tenemos un mismo origen: El Señor que nos ha creado por amor. Y todos tenemos un destino común: el cielo y la vida eterna. La cruz nos enseña por tanto, cuál es el sentido de nuestro caminar errante por este mundo, y cuál es nuestra verdadera identidad.

    La cruz será pues, el culmen ejemplar de toda su vida. Su muerte será la más impresionante y majestuosa lección de Amor a Dios y al prójimo que pueda expresar un ser humano. Los dos palos de madera que llevamos como medalla de nuestra Hermandad es donde el Mesías quiso resumirnos su vida y su nuevo mensaje, y serán por tanto el eje inequívoco de este mi pregón y de mi vida.

    Dedicar este mi pregón yo quiero: a todos los Hermanos fallecidos que dejaron su huella en esta Hermandad, e iniciaron su camino hacia la Verdadera Cruz. A ellos gracia eterna por la herencia recibida.

    A mi tía Carmelita y a mi tío Manuel, de los que sobran las palabras para definir el Amor que tienen hacia nuestros titulares, y me faltaría vocablos para valorar, la huella que dejarán en esta nuestra Hermandad el día que nos falten.

 

    A mis Padres que me educaron en el Amor al Señor y me impregnaron la pasión por un Cristo, por una Virgen, por una Ermita, por una Hermandad y por unos valores cristianos. A Dios gracias por poder disfrutar hoy día de su presencia.

    A mi mujer, luz resplandeciente de mi vida, esposa bondadosa, amor callado, y apoyo necesario en mi caminar. Y a mi pequeña Sofía, que me robó el corazón nada más nacer, para llenarlo de esperanza, de ilusión y de vida. Gracias Virgen María por concederme la dicha mayor que un hombre puede esperar en este mundo.

    Por todo ello Señor del Cerro, te solicito la venia y tu indulgencia, y por eso te digo:

 

 

En esta tarde, Cristo de la Vera-Cruz,

vengo a rogarte por mi carne enferma;

pero al verte clavado en el madero,

mis ojos van y vienen,

de mi cuerpo a tu cuerpo con vergüenza.

 

 

¿Cómo lamentarme Señor de la Salud por mi aflicción?

Cuando Jerusalén montado en un asno te aclamó.

 

¿Cómo afligirme Señor Cautivo por mi dolor?

Cuando un maldito látigo tu carne despojó.

 

¿Cómo llorar Señor de la Paz por la injusticia y el terror?

Cuando Pilatos sentenció un desagravio mayor.

 

¿Cómo quejarme Gran Poder por mis pies cansados?

Cuando veo que los tuyos van sangrados y destrozados.

 

¿Cómo mostrarte Señor del Cerro mis manos irritadas?

Cuando las tuyas clavadas están y traspasadas.

 

¿Cómo explicarte a ti Señor Difunto mi soledad?

Cuando tú, sólo, en la Santa Urna estás...    Y

 

¿Cómo apenarme Señor Resucitado por la sinrazón?

Cuando tú tienes traspasado tu Santo Corazón.

 

 

¡¡Perdón!!  Señor crucificado, ¡Perdón!

Ahora ya olvidadas están mis penas,

Huyeron ya de mí todas las dolencias.

El ruego y el lamento que traía ante ti,

se ahogó en tu imagen de dolor por Amor.

Mis quejas diarias y mi casado caminar,

desaparecieron ya de mi amargo sollozar.

 

¡¡Por eso!!..., ¡Por eso Señor sólo quiero!,

no pedirte ná.

Venir a verte a tu Ermita,

y arrodillarme delante de tu altar,

para poder corroborar,

que eres el mayor de los nacío

y clavado en el madero estás.

¡¡Por eso!!…, ¡Por eso! Señor del Cerro sólo quiero,

no pedirte ná,

estar aquí junto a tu imagen muerta,

yo no necesito nada má,

que estar aquí a solas contigo,

y poseer esa visión,

que me enseña que el dolor,

 es sólo, la llave, de nuestra Salvación".

 

 

- Estimado Sr. Hermano Mayor de nuestra querida Hermandad.

- Sr. Presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de este nuestro querido pueblo.

- Sr. Delegado de Cultura del Exmo. Ayto de Coria del Río.

- Sr. Pregonero de la Semana Santa Coriana de este año 2012.

- Sres. Representantes de nuestras queridas Hermandades de Coria del Río.

- Miembros de la Junta de esta mí querida Hermandad.

- Hermanos, Cofrades y Amigos todos.

 

    Ser pregonero de la Vera Cruz de Coria del Río, es un honor difícil y comprometido. Ser portador de la pieza de exaltación más sentimental del corazón Cofrade de este nuestro Cerro, para ofrecerla abierta de par en par a todo el mundo, es como portar el cargo simbólico de tesorero de los sentimientos Cruceros, y es ser guardián del joyero más místico que recibir uno puede, de un pueblo repleto de tradiciones cristianas y de sublimes campanas.

    Nadie mejor que yo, sabe de la humildad de mis conocimientos, de mis escasas virtudes retóricas y de mis pocos méritos literarios. Por eso sabía, que con esta osadía, podía defraudar a un atril que ha acogido a oradores más doctos que yo, que no era digno del honor que se me otorgaba…, y entendía lo difícil que me iba a ser cumplir con tal misión. Pero yo quería, en mi egoísmo humano, tener una ocasión de devolver a la Vera Cruz de Coria, los muchos afectos y sentimientos que le debo; quería darle lo único que puedo, a quien tanto me dio, y eso es precisamente lo que hoy os traigo aquí, mi  Corazón. Es un corazón coriano, que nació en Santamaría, calle cofrade donde las haya, y creció al pie del Guadalquivir, en un pueblo marinero y campesino, entre arrozales Marismeños y olivares Aljarafeños. Un corazón que siente la alegría de ser Cristiano, Apostólico y Romano, un corazón que se siente orgulloso de ser Cofrade y Crucero, que pasó su juventud jugueteando en esta nuestra escalera del cerro, embaucado por ese balcón del Guadalquivir del que presume nuestro maravilloso patio, ¡impregnado de este olor a madera añeja en sus vigas!, ¡hipnotizado por la cal blanca de sus muros!, seducido por el barro de su enladrillado suelo…, ¡enamorado!, ¡enamorado! de un Cristo gótico clavado en un madero y ¡deslumbrado! por esa Virgen morena…, ¡cuna de mis sentires y mis pesares!. ¡Un corazón! que desde hace muchos años, y por propia voluntad del que hoy pregona, es prisionero de esta blanca flor Mudéjar, alzada sobre el Gólgota de la Romana Caura, defendida por los 33 escalones de su calle San Juan, coronada por su bella espadaña, y que con sumo orgullo todos los Corianos, ¡Ermita!, ¡¡Ermita!! la llamamos.

    Gracias púes Señor, por darme la actitud debida y la luz necesaria para pregonar sobre tu Evangelio delante de mi familia del Cerro. Gracias querida Junta de Gobierno por vuestra hidalga misericordia, y por suponer mi aptitud para rezar hoy públicamente a nuestro Cristo de la Vera-Cruz y a su Santa Madre Inmaculada Concepción.

    Y Muchas gracias querido presentador por los gestos y las palabras innecesarias e inmerecidas que has tenido hacia mí…, fruto seguramente de la bondad y de la caridad humana, que Dios te regaló a ti y a tú familia, y no por mis merecimientos humanos e intelectuales. Ten por seguro amigo Pepe, que llevaré con mucho orgullo, haber tomado de ti este testigo, y me siento afortunado por haberte tenido como padrino, en mi primera alternativa como pregonero.

    “Al pecho llevo una Cruz, y en mi corazón lo que dice Jesús”. Todavía resuena en el cofre de mi recuerdo la primera vez que escuché entre estas paredes este estribillo cantado tantas veces en nuestros Cultos por el inigualable coro de nuestro hermano Jorge que con tanto acierto nos ha ayudado, como dijo San Agustín, a rezar dos veces. “Al pecho llevo una Cruz, y en mi corazón lo que dice Jesús”. ¿Cuántas veces queridos Hermanos nos planteamos, al colgarnos la medalla de nuestra Hermandad, si a la misma vez tenemos colgado en nuestro corazón lo que nos ha dicho Jesús en su Evangelio?. Tengo que reconocer Señor, que después de 43 primaveras a mis espaldas y muchos Jueves Santos formando parte de tu cortejo, por las calles de Coria, es hoy día cuando más reflexiono sobre tu presencia real en mi vida. La convivencia tan diversa que he experimentado a lo largo de ella con el prójimo, con mi prójimo, ha hecho mella en mi corazón, y la madurez ha ordenado las verdaderas prioridades que debo de tener presente en mi camino hacia la cruz.

    No quiero dejar pasar esta ocasión para agradecer a esta Junta de Gobierno que finaliza su mandato, por su noble compromiso y su oculta labor diaria, y por forjar un eslabón más en la cadena, de la dilatada historia de esta nuestra hermandad. Pero a la misma vez quisiera invitar a los nuevos miembros que formarán la próxima Junta, para que ahonden en los verdaderos caminos y creencias cristianas, para que las divulguen a los hermanos, y para que pongan en práctica la Humildad y la Caridad como pilares básicos de nuestra identidad Franciscana. ¡Hermanos y futuros miembros de la Junta de Gobierno!, ¡¡despojaros de vuestros ropajes impuros!! ¡ceñiros una toalla de Amor al prójimo¡, ¡y arrodillaos delante de cada Hermano de Vera-Cruz!, para decirle que estáis para servir a la Hermandad y a sus Hermanos, y no para servir a vuestro ego. San Marcos nos relata, con suma claridad, lo que le dijo Jesús a sus Discípulos: “quien quiera ser el primero entre vosotros, que sea el último, y el servidor de todos”. Y sobre todo, tened siempre presente ese profundo y hermoso estribillo que escuché, el pasado lunes en nuestro Quinario, de boca de nuestros querubines cantores, y que resumen tan brevemente nuestro destino Cristiano: “Al atardecer de mi vida, me examinarán del Amor”.

 

    Mirad Hermanos, a quien de los aquí presente no le gusta disfrutar de una procesión cofrade por nuestras calles y plazas. Ver un misterio adornado con toques de cornetas, admirar un Paso de Cristo bañado en el silencio del Calvario, o deleitarse ante un palio con claveles, mecido al son de Amargura. Pero no debemos olvidar que Jesus nos recuerda de manera insistente en su Evangelio, que antes de llevar ofrendas al templo, hagamos las paces con nuestro prójimo. Y que antes de alabar a Dios con grandes tronos y hermosas procesiones, ayudemos al necesitado practicando la Caridad. Por ello queridos hermanos os invito a que nunca, ¡nunca!… nos olvidemos de esta estrofa que de manera sencilla y humilde define nuestra más profunda identidad: “Al pecho llevo una Cruz, y en mi corazón lo que dice Jesús”.

    Por eso, Señor de la Vera Cruz, alzo mi voz y te digo:

 

Es la burla falaz de los sayones,
el dolor de tu espalda flagelada,
por espinas tu frente desgarrada
y tu carne divina hecha moratones.

Es la horrible torsión de tus tendones,
que tu noble figura al ser clavada,
dibuja una imagen desencajada,
donde surge la sangre a borbotones.

¡Y ese terrible dolor y ese tormento!,
¡¡Oh Señor!!... aún no ha terminado,
porque vuelve otra vez tu sufrimiento,
cada vez que yo caigo en el pecado.
¡¡Por eso!!... ¡por eso Señor dolor yo siento!
¡¡¡ por haberos también crucificado !!!


 

  

    Jueves Santo, Día del Amor Fraterno, amanecer reluciente, mañana de mantillas y de Sagrarios, mediodía de confesión y arrepentimiento, tarde de Santos Oficios, de Lavatorio de los pies, de Institución Eucarística…, y ¡noche!, noche tenebrosa de Penitencia y de Oración.

 

    Si todo ocupa un lugar en el espacio; si toda arquitectura necesita de un cimiento en donde apoyar su estructura, y si toda representación dramática necesita de un escenario; para poder levantar nuestro telón del Jueves Santo, hemos de darle espacio, cimiento y escena. En nuestro caso, nuestra Vera Cruz encuadra el marco de su espacio en un entorno inmejorable. Nuestra Hermandad tiene a la vez unos ancestros y fuertes cimientos basados en su humilde y antigua historia. Pero necesitamos y debemos que mantener viva y presente la escena diaria de nuestro apostolado, y del drama diario del prójimo necesitado y desprotegido. En donde el espacio sea el Amor, el cimiento sea la Humildad y la escena sea nuestra Misión Evangélica y Caritativa.

 

    ¡Sin embargo!, debemos cuidar con el mayor esmero, que la escena no desvirtúe la obra Redentora de Jesús. El acto central del  Jueves Santo ¡no puede ni debe ser la Estación de Penitencia!, que con tanto fervor preparamos y a la que tanta dedicación destinamos. El acto supremo y principal del Jueves Santo Cristiano y Cofrade, ¡es la conmemoración de la Institución de la Eucaristía por Jesús en el Cenáculo!, ¡es la Humildad del Lavatorio de los pies a sus Discípulos!, es el Evangelio de la Pasión según San Juan y son las siete palabras vertidas desde la Cruz.

    Comprendo perfectamente que nuestra Semana Santa, son días en los que muchos de nuestros familiares y amigos, ausentes durante el resto del año, vienen para reunirse con los suyos, bien aprovechando la vacación tradicional o simplemente para que su presencia no se eche de menos en la representación del drama, aportando su cooperación al engrandecimiento de su belleza plástica. Pero ello no puede ser pretexto para que estos días pierdan el carácter íntimo, religioso, de austeridad y recogimiento que nuestra Semana Mayor encierra. Convirtiéndola si no, en fiesta popular y pagana, en aras del progreso y las libertades. Si Jesús bebió el cáliz de la sangre por la Redención de los hombres, es de justicia que nosotros, en justa reciprocidad al menos, sepamos ofrecer un pequeño sacrificio, y sobre todo guardar en toda su integridad la magnitud de su mensaje. La Semana Santa, abrumada de misterios, nos renueva la evidencia de lo que ha costado el rescate del hombre, y  nos deja a la vez, la contrición o la amargura de comprobar que es escasa la correspondencia que el amor de Dios encuentra en el corazón de los hombres. A los júbilos y proclamaciones del Domingo de Ramos, suceden, hoy como entonces, las negaciones, las traiciones y las cobardías para eliminar a Dios de nuestra vida, aunque haya que preferir a Barrabás. Y hoy más que nunca debemos estar alerta, vivimos tiempos difíciles, recibimos un ataque continuo de una sociedad impura hacia la Familia Cristiana (semilla de nuestra Fe)  y hacia nuestras tradiciones, ritos y símbolos religiosos. Y nosotros podemos alegrar el corazón de Cristo contrarrestando esa agresión con actos internos e íntimos, como visitando el Santo Monumento, rezando el Vía Crucis, confesando nuestros pecados, recibiendo el pan y el vino convertido en su divino Cuerpo y en su preciosísima Sangre, y practicando la caridad moral, material y espiritual. Y sobre todo, haciendo de estos días lo que en sí deben ser, días de meditación en donde debe triunfar el objetivo más transcendental de nuestras vidas que es la salvación de las almas.

    También los actos externos que practicamos estos días de Pasión deben de ser significativos y ejemplarizantes, como puede ser contemplar en silencio y con respeto el paso de nuestros desfiles procesionales, o acaso asistiendo a ellos vistiendo nuestra túnica en cada una de las Cofradías, dentro del mayor recogimiento y decoro, sin hacer manifestaciones vanas como si de cualquier otro día del año se tratara, pensando siempre en que vamos acompañando a la Virgen en su dolor y en su llanto, y de que en su congoja todos somos copartícipes. De nuestro  comportamiento dependerá la continuidad e incluso la superación de los desfiles procesionales en años venideros. De nuestra conducta dependerá, convertir nuestras procesiones en un escenario consecuente, y de nosotros dependerá la posible conversión del gentil ciudadano. Lo realmente bello sería que estas virtudes de Fraternidad y de Amor, que por estos días ponemos a flor de piel, tuvieran su proyección a cada día, a cada semana, de cada mes y de cada año.

    Nuestra Hermandad experimenta en estos días una profunda transformación, impregnándose de vibraciones turbadoras, tal vez debido a ese aire, hendido ya por la dulce primavera, que tiembla bajo las acometidas de unas trompetas, unos tambores, unas saetas lejanas y unas lágrimas en la madrugada...

    ¡Qué influjo ejerce sobre las almas creyentes la Semana de Pasión!. Es indudable que en estos días Cuaresmales, de ejercicios espirituales, de intensidad de culto, de recogimiento y meditación, hay como un gran examen de condolencia colectivo, con el que las almas, confesas y comulgantes, se visten de limpio, como si en una gran colada purificadora dejasen sus impurezas. El Jueves Santo es la cima de esa curva ascendente en nuestro caminar, y cada uno que pasa es un paso que hay que dar de acercamiento a Dios, en la promesa de una rectificación de errores pasados. Cristo padeció y murió, y por su infinito sacrificio, nos redimió de la culpa y del pecado. La redención, es por tanto, la entraña misma del cristianismo, y la Semana Santa es la reproducción de esa serie de hechos que va mostrando año tras año lo único imperecedero en la vida terrenal que venimos analizando y que la liturgia cristiana recoge con el nombre de Drama Sacro.

    El Jueves Santo Coriano y su Vera Cruz, no es producto de la improvisación. Durante siglos ha sido necesario formar el espíritu de sus devotos, dotar de vida cristiana a la Hermandad durante todo el año, y conservar el tesoro artístico de la Procesión Penitencial que celebramos cada tarde-noche de Pasión, en honor y en recuerdo del día del Amor Fraterno, que Jesús por voluntad propia y en suma obediencia a Dios, eligió como ejemplo supremo de Amor a los hombres; y quiso ser elevado en una Cruz como Redención de nuestros pecados, por la Salvación de nuestras almas, y para mayor Gloria de Dios nuestro Padre.

  

En la vieja espadaña colgada,

rompe el badajo el silencio

de la campana “Rosa María” llamada.

 

Por latido de corazones esperada

al atardecer del Jueves Santo

cuando tañe a muerte callada.

 

Por brazos de Ermitaña tocada,

¡sus benditas manos tu figura limpiaban¡

Carmen ya no será la privilegiada.

 

Josefa tampoco será la beneficiada.

Dolores os espera sonriendo

en aquella salita siempre recordadas.

  

En Calle San Juan la gente abarrotada,

rezan al Señor Crucificado,

perdón e indulgencia aclamada,

por la multitud allí representada.


Vera Cruz pide Caridad apasionada,

cargando con todos los pecados

de sus hijos que esperan su llegada.

 

¡Nuestro Cristo ya está en la calzada!

sobre sus hombros te llevan tus cirineos,

a tu pueblo que espera tu mirada.

 

¡Y su Madre Concepción Inmaculada!

 coge el pañuelo que en sus manos tiene,

porque llorando viene desconsolada.

 

Y una puñalada desgarrada,

manchada de odios y pecados,

se hunde en su Alma traspasada.

 

¡Señora del Cerro eres, mi muy amada!

¡no te olvides de nosotros pecadores¡

¡¡¡ Virgen de la Concepción Inmaculada !!!

 

    Disculpad un momento............ Si Abuelo, si… No, no me lo recuerdes más, no he olvidado lo que me contaste aquella noche de primavera. Perdonad Hermanos esta interrupción, os aclaro este breve recordatorio que me acaba de hacer mi querido Abuelo Manuel desde el cielo. Para los que no lo conozcáis él fue Hermano Mayor de esta nuestra Hermandad hace ya muchos años. Pues bien como os iba diciendo, estaba yo empezando a esbozar las primeras líneas de este pregón, cuando en sueño se me apareció mi Abuelo Manuel, y con voz rotunda y gruñona me exclamó:

-        ¡Oye Manolo!, ¿No vas a decir nada de la Hermandad de la Vera Cruz que hemos fundado aquí en el cielo, con los antiguos Hermanos del Cerro que ya gozamos de la gloria de Dios nuestro Padre?

 

-        Bueno Abuelo es que yo no sabía nada de esto que me cuentas, le respondí.

 

-        Pero ¿cómo es posible que ninguno de los que todavía estáis ahí no sepáis nada de esta Celestial Hermandad que fue aprobada por San Pedro a instancias de D. Esteban y D. Manuel Marroco?

 

-        Pues no Abuelo, no sé nada, ¿como voy a saber yo eso?

 

-        Hay querido nieto, si ya le decía yo a tu abuela Amelia que el día que faltase Isabel Ferrari nadie iba a comprobar estos asuntos del cielo.

 

-        Bueno Abuelo ya metido en faena ¡cuéntamelo todo! desde el principio que me estoy poniendo muy nervioso con todo esto que me cuentas. ¡Dime¡  ¿están todos ahí contigo? ¿Se encarga Manolito sacristán de encender las velas del Divino Camarín? Y Juan ¿ha organizado con Paco Carvajal las cuadrillas con los costaleros, que dejaron su huella en estos treinta y tres escalones? ¿Están en la delantera del paso de Cristo Tomás Fuentes?, y ¿Van Nicolás Palma y Julio López de contraguía?

 

-        Pues claro que si querido nieto, además D. Antonio Pineda lleva de maravilla la secretaria, y Alejandro Sosa junto con Pepe Juan reparten las Papeletas de Sitio pero sin cobrar, ya que aquí todo es gratis y no existe el dinero, por eso Gabino esta tan aburrido sin su lotería.

 

-        Y cuéntame más abuelo, ¿siguen haciendo Rosa Franco y sus hermanas las túnicas de nazareno?, y Pepe Franco ¿sigue recitando sus versos con fervor y salero?

 

-        Pues claro que si querido nieto, hasta Antonio Gandul sigue imprimiendo el inigualable boletín de nuestra Semana Mayor: Expiración. Y ayer mismo se apuntó como hermana, de esta celestial Hermandad, Remedios la mujer de Don Abelardo, que hasta hoy, ha sido la última en llegar a nuestro cielo.

 

-        Pero dime más abuelo, y las Merinas ¿siguen cuidando del Cerro en el cielo? Y el Padre Benítez ¿sigue rezando el Vía Crucis con D. Enrique en el traslado del Señor a su paso?, y ¿José Ignacio Quintero, Manuel Asián y Antonio Armillita siguen acompañando con sus trajes oscuros el paso de Cristo Vivo en el cielo?..., Y por cierto ¿sigue saliendo mi amigo Joselito de nazareno?

 

-        Por supuesto que si querido nieto, todo eso ocurre igual que cuando estábamos allí con ustedes…… Pero bueno Manolo sigue con tu pregón porque si no me van a poner de pesado, yo solo quería que todos supiesen que aquí os estamos esperando a todos, y que aquí en el paraíso celestial las primaveras y la Semana Santa son infinitamente más intensas y emotivas que en ese valle de lágrimas.

 

-        Pues muchas gracias abuelo, mañana en la misa Función de Instituto pediremos por todos vosotros. Gracias querido Abuelo por abrirnos la esperanza de que cuando nos toque iniciar el camino en busca del cielo, no tendremos que despojarnos de este maravilloso sentir cofrade y crucero. ¡Hermanos difuntos de la Vera Cruz! y ¡Señor del Cerro! Acordaros de nosotros pecadores, cuando estéis en el cielo.

 

Señor clavado en la Cruz,

que repartes a manos llenas,

tu bendición y tu luz.

Ten misericordia eterna,

para todos tus hijos de la Vera Cruz.

 

Pon tu luz entre sus sienes,

Para que puedan ver mejor las sendas,

De los males y de los bienes.

 

De lejos llegan desconsolados,

los hermanos cruceros llamados.

A tu presencia ellos van llegando,

con su cruz en el pecho colgando.

 

Dejaron en el Cerro su huella,

defendiendo el simbolismo del madero.

Brille sobre ellos la luz eterna,

y concédeles la gloria en el cielo.

 

Y mientras estamos aquí,

en este maravilloso balcón,

al pie del Guadalquivir.

 

Qué alegría me da pensar

que hay un gran río que pasa,

pero que nunca se va,

Dios lo ve desde su Cerro,

Y lo llama: ¡Eternidad!

  

    Y ahora queridos Hermanos, antes de terminar, me gustaría rezar en comunión con vosotros, aquí y ahora, todos juntos delante de nuestros titulares. Nos acompañará la marcha “Soledad Franciscana”, un título en el que nos veremos muy reflejados y representados, en este acto íntimo de hablar con Dios nuestro Padre, en el que alabamos su misericordia, pedimos disculpa por nuestros pecados, damos gracias por todo lo que somos y tenemos, y hacemos acto de contrición y arrepentimiento.

    La soledad es el estado ideal para evadirnos de lo profano y del mundanal ruido, y para poder encontrar un momento de espiritualidad que nos lleve al encuentro místico con la Divinidad, algo que encontramos fácilmente en esta nuestra Ermita. Y Franciscana fue la Génesis de la Vera Cruz como Hermandad Piadosa y Humilde. La Orden Franciscana fue la que inspiró nuestro espíritu original, que nunca debemos de olvidar: Humildad y Caridad.

 

    Por tanto os invito, a que abráis vuestro corazón y cerréis los ojos, para que al igual que hacemos nuestra propia oración personal en la estación de Penitencia cada Jueves Santo, alcemos hoy aquí, nuestra plegaria juntos en Hermandad.

    Convirtámonos púes, en nazareno de Cruz de Guía que da gracias a Jesús por mostrarle el camino correcto en cada momento de su vida. Seamos nazareno con farol que ilumina esa Cruz de Guía, para que ya no esté en tinieblas, sino que brille en la oscuridad de la madrugá. Transformémonos en nazareno con Insignia, para que sepamos defender con la cabeza muy alta y en todo lugar, el significado Apostólico que tiene cada una de ellas. Pongámonos en la presidencia de nuestros pasos, para dar testimonio público de Fe y dar a conocer a todo el que nos ve pasar, que las imágenes que presiden nuestros pasos representan, en quién creemos y en qué creemos. Metámonos dentro del antifaz del Penitente, descalzo y con la cruz a cuesta, para que nos imaginemos, aunque sea de manera figurativa, cómo se sintió el Señor en su camino al Calvario, haciendo nuestra la frase de Jesus: Toma tu cruz de cada día y sígueme. Levantemos los faldones de nuestros pasos y clavemos nuestro cuello en la madera, ya que, este callado esfuerzo en la oscuridad de la trabajadera, es la Penitencia más parecida a llevar el Yugo con el que Jesús nos invita a cargar día a día: “Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. Dirijamos nuestro rezo también hacia la figura del Aguaó y del Pertiguero, que al igual que la Verónica y el Cirineo, alivian el peso de la cruz y ayudan a levantarnos en nuestros momentos de extenuación. Fijémonos también en esas personas que para cumplir una promesa se agregan a la comitiva procesional y se colocan detrás de nuestros pasos, buscando la intimidad y el sosiego, y así poder pedirle al Señor o a la Virgen por el enfermo, por el parado, por las injusticias, por sus hijos, por sus padres, y por tantas y tantas calamidades que sufrimos en este valle de lágrimas.

 

    Pongámonos púes, hoy y aquí, nuestra blanca túnica, nuestro cíngulo verde, nuestra Cruz de madera, nuestra capa de raso y nuestro antifaz, para cumplir con el anonimato del Penitente, y dispongámonos a orar con Fe y Esperanza a Dios nuestro Padre y a nuestra madre Inmaculada.

    Primeramente Señor de la Vera Cruz, permítenos limpiar todas nuestras culpas. Por eso antes que nada queremos pedirte perdón Señor, perdón por todos nuestros pecados. Señor mío y Madre mía: perdónanos por ser egoístas, por ser soberbios, por ser rencorosos, por no haberte defendido ante los que te odian, y por haber odiado a quien debía amar. Perdónanos Señor por olvidarnos de ti y de tus enseñanzas nada más salir del templo. Perdónanos Madre nuestra por no esforzarnos en comprender a nuestro cónyuge, como José te compendió a ti. Perdónanos Señor porque veinte siglos después te seguimos clavando en el madero cuando no atendemos ni ayudamos al más débil, que pasa diariamente por nuestro lado. Perdónanos Madre nuestra por el puñal que te seguimos clavando en tu corazón cada vez que caemos en el pecado, olvidándonos del nuevo Mandamiento que tu Hijo nos recalco a lo largo de toda su vida: "Amaras a tu prójimo como a ti mismo, en eso conocerán que sois mis discípulos".

 

    Y continuamos dándote gracias por todo lo que somos. Te agradecemos la familia que nos has dado, los hijos que nos has brindado, te damos gracias por permitirnos ver el sol cada día. Te damos gracias por el bien que nos envías, y por el mal que nos toca vivir, es sin duda una prueba que nos pones en nuestro camino. Y muy especialmente Señor de la Vera Cruz te pedimos por todas las Hermandades de Coria, las de Penitencia y las de Gloria, y por esta tú Hermandad en particular, para que todos los que formamos parte de ella sepamos vivir acorde con tu Evangelio, y seamos dignos de seguir colgándonos esta Cruz con todo el compromiso que ello conlleva.

 

    Y por último, Señor y Virgen del Cerro te pedimos por los pobres de espíritu, por los mansos de corazón, por los que lloran, por los que tienen hambre y sed de Justicia, por los misericordiosos, por los limpios de corazón, por los pacíficos, y por los que sufren persecución por la justicia. Te pedimos Señor y Virgen del Cerro para que todos nuestros hermanos que se vean reflejados en estas bienaventuranzas, sean llamados hijos de Dios. Te pedimos para que puedan ver con sus propios ojos a Dios, obtengan tu misericordia, sean saciados y consolados, y también algún día, esos que hoy lloran, posean la tierra prometida y obtengan como fruto de su vida terrenal, ¡¡¡ el Reino de los Cielos!!!.

    Ya acabada nuestra oración, sólo nos queda cumplir la Penitencia que nos imponga el Señor, penitencia que debemos de cumplir diariamente, no sólo el Jueves Santo, ni en las numerosas misas y cultos a los que solemos asistir anualmente. Debemos cumplir la penitencia en casa con nuestras mujeres y maridos, con nuestros padres e hijos, en el trabajo diario (con el buen compañero y con el malo también). En la barra del bar (con los amigos, pero también con los enemigos). Cumplamos nuestra penitencia, asistiendo a los ancianos y enfermos en sus residencias y hospitales, visitando al amigo en su soledad, en su casa o en la cárcel. Y ayudando al que está sumido en la miseria, dándole soporte material, pero sobre todo ofreciéndole amistad, compañía y calor humano.

    ¿Qué fácil y que difícil a la vez es ser un buen Cristiano, verdad hermanos?, la diferencia simplemente está en anteponer el Evangelio de la Cruz a cualquier otra cosa mundana.

    Queridos Hermanos, termino ya mi pregón, esperando haber cumplido con las expectativas del cartel anunciador, y confiando en haber sido merecedor de vuestra atención y de este atril. Como os dije al comienzo del mismo, el Amor a Dios, el camino hacia la Cruz de Jesús y el Amor al Prójimo, son actualmente el objetivo y el eje incuestionable de mi vida. Sólo a una cosa aspiro con anhelo, y lucho diariamente por conseguirla, en ella tengo puesta mis esperanzas, y no es otra que la de buscar mi felicidad y la de los míos en Jesús, en su Cruz, y en su  ¡¡¡ Santa Resurrección !!!

He dicho.